Francisco de Asís, fundó los Franciscanos
| San Francisco - Vida y Carisma |

"-Señor, ¿qué quieres de mí?
-Francisco, ve y restaura mi Iglesia,
que, como ves, amenaza ruina”
Francisco cuestiona el valor de todas las riquezas que le brinda el negocio paterno, de todas las alegrías externas que le ofrecen las fiestas de Asís. Francisco descubre que a su alrededor hay un mundo de excluidos, mendigos, leprosos,… que no tienen acceso a la riqueza de Asís ni a la alegría de la juventud. Es como si hubiera abierto los ojos a su alrededor y lo que ve le llena de preguntas sin respuesta. Y siente que es Dios quien le ha abierto los ojos… por alguna razón que tarda en conocer.
A sus 21 años, un día de primavera en que el sol amaneció más temprano, tras escuchar la llamada de Dios, intuyó otra forma de ser cristiano:
No quiero leyes, quiero corazón!! No deis limosnas, Dad la vida!!!
No basta con hacer el bien, sed vosotros el mismo Bien!.
No basta con ser buenos, hay que ser revolucionarios.
No basta con ir a misa, Hay que ser hijo de Dios todo el día!!!
Vendió ropas, joyas y hasta el caballo por si lo que Dios quería era que ayudase a los pobres. Restauró todas las iglesias arruinadas que había en Asís, y con ello pensó haber hecho cuanto podía por restaurar la IGLESIA...
Hasta que un día, en la iglesita arruinada de San Damián, abrió el evangelio al azar y apareció esto: Mateo 19,29: "Y todo aquel que haya dejado casas, hermanos, hermanas, padre, madre, hijos o hacienda por mi nombre, recibirá el ciento por uno y heredará vida eterna". Francisco se descalzó de todas sus riquezas y ambiciones... Tomó un sayal para vestir, la madre tierra para vivir, el amplio cielo para dormir y toda criatura por hermano. contaron los suyos que nunca necesitó nada más para ser feliz.
“En adelante su casa sería el ancho mundo. Sus amigos los leprosos, los mendigos y los salteadores de caminos. Sus hermanos el viento, la lluvia, las nieves y las primaveras. Le acompañarían el calor del sol y la luz de la luna. Comeria por los caminos igual que las alondras. Y cruzaría el mundo bajo la protección de Dios”.
Francisco puso manos a la obra; rompió con todo lo que había sido su vida de riqueza, dueño de su negocio y líder de la juventud de Asís.
Delante de todo el pueblo renunció a todos sus bienes, incluso a sus ropas, y desnudo abandonó la ciudad de Asís y se entregó a Dios, con la única tarea pendiente de saber lo que Dios querría de él al día siguiente. Con el tiempo, cuando comenzaron a llegar otros jóvenes y se le unieron a vivir en pobreza y fraternidad, Francisco comenzó a comprender la misión para la que Cristo le había buscado.
















