Convento de Santiago
| Comunidades - Santiago de Compostela |
El Convento de San Francisco de Santiago recuerda la peregrinación de San Francisco de Asís y sus compañeros en 1214 a la tumba del Apóstol. Se
edificó en terrenos donados por el abad del vecino monasterio de San Martiño Pinario, constituyendo un foro anual de un cestillo de peces.
Sito en el antiguo barrio de Val de Dios consigue un gran desarrollo a lo largo de la Edad Media y el siglo XVI. En el siglo XVIII adquiere su forma actual de gran convento compostelano, y en el siglo XIX padece los destrozos de la invasión napoleónica y la desamortización de Mendizábal. Restaurado en 1862 como Colegio de Misiones y centro de estudios de la Provincia Franciscana de Santiago pone especial empeño en las tareas misionales, docentes y editoriales.
La imaginación popular, siempre ávida de saber, tejió las más variadas leyendas en torno al hecho fundacional. La más sólida se recoge en una gran
lápida sita en la portería del convento: “Viniendo nuestro padre San Francisco a visitar al Apóstol Santiago, hospedole un pobre carbonero llamado Cotolay, cuya casa estaba junto a la ermita de San Paio en la falda del monte Pedroso. De allí salía el Santo al monte a pasar las noches en oración. Allí le reveló Dios era su voluntad la edificación de un convento en el sitio donde está, llamado Val de Dios y Val del Infierno, y sabiendo el Santo era del monasterio de San Martín, pidióselo al padre abad por amor de Dios y ofreció ser su forero y pagar en cada año un cestito de peces. Aceptó el padre abad y de ello se hizo foro firmando el Santo, del cual dan fe los
ancianos de San Martín han visto y leído. Habido el sitio dijo el Santo a Cotolay: “Dios quiere que me edifiques un convento de mi orden”. Respondió Cotolay que cómo podía un pobre carbonero – “Vete a aquella fuente”- dijo el Santo- que allí te dará Dios con qué -. Obedeció Cotolay y halló un gran tesoro con el que edificó este monasterio. Bendijo Dios a la casa de Cotolay; casó notablemente. Fue regidor de esta ciudad y edificó los muros de ella que ahora van junto a San Francisco y antes iban por la Azabachería. Su mujer está enterrada en la Quintana y Cotolay, fundador de esta casa, en este lucilo que para sí escogió. Falleció santamente el año del Señor de 1238”. Y de ello dan fe un sarcófago y una inscripción alusiva.
DE LA IGLESIA:
Iglesia neoclásica del siglo XVIII y de grandiosas proporciones que alberga retablos y esculturas de los mejores artistas de Galicia. Hunde sus raíces históricas en los siglos XIII y XIV coincidiendo con la fundación del convento. Se cree que aquella primera construcción se extendía de este a oeste (en el espacio que hoy ocupa la portería conventual) y que respondía al estilo gótico.
A esta primera construcción sustituirá el templo actual, obra ejecutada en el siglo XVIII sobre planos de Simón Rodríguez. Las obras se iniciaron en 1742 y concluyeron en 1783 tal como lo atestigua la inscripción de la fachada: “BENE FUNDATA EST DOMUS DOMINI. ANNO 1783”.Por entonces aún estaba sin rematar la torre del oeste, hecho que acontecería en 1787.
LA FACHADA: La monumental fachada de San Francisco fue construida en el siglo XVIII. Está formada por dos cuerpos: el primero de orden dórico y el segundo de orden jónico. En el centro preside el conjunto una imagen del pobre de Asís obra de José Ferreiro (1780).
EL INTERIOR: La planta del templo es de cruz latina con tres naves (67metros de largo x 26,50 de ancho). La majestuosa cúpula se eleva hasta los 38,50 metros. La nave central mide 14,50 metros de ancho y su techo se eleva hasta los 28 metros. Las naves laterales miden 6 metros de ancho x 8 de alto. Las pilastras son de estilo toscano. El historiador Otero Pedrayo la definió como “poema épico del granito gallego”.
LA SACRISTÍA: Está situada tras el pre
sbiterio. Sorprende por sus grandes dimensiones (26,50 metros de ancho x 13 de largo). En ella se custodian numerosas reliquias de santos canonizados por la Iglesia Católica. También son dignos de mención los lienzos que penden de las paredes con alusiones a la vida de Francisco de Asís y Duns Escoto.
RETABLO CENTRAL: Data de 1878 y sustituye a otro
anterior. Es obra de Fray José Rodríguez. Consta de tres cuerpos: el primero y el tercero de orden corintio y el segundo compuesto. En el centro destaca la imagen de la “Purísima” (S.XX), copia de otra imagen venida de Roma en el siglo XVIII. A la izquierda Santo Domingo de Guzmán, fundador de la Orden de Predicadores (orden religiosa que nació a la par de los franciscanos). Y a la derecha San Buenaventura, primer cardenal de la Orden Franciscana (esta imagen fue tallada en Roma hacia 1750).
En el segundo cuerpo destaca una imagen de San Francisco (esculpida en el siglo XVIII por José Ferreiro). A ambos lados sendos medallones con el escudo de la
Orden Franciscana (los brazos de Cristo y Francisco entrecruzados sobre una cruz) y con la “Cruz de Tierra Santa” y las cinco llagas de San Francisco.
En el tercer cuerpo (el más elevado) sobresale una imagen que representa a Santa Clara (primera mujer que abrazó el estilo de vida de Francisco de Asís).
RETABLOS LATERALES: Hay hasta quince. Casi todos son obra de Fray José Rodríguez en los más diversos estilos (barroco, churrigueresco...).
Nave del oeste o “del Evangelio”: Es la de la izquierda según se entra en el templo. De inmediato, junto a la puerta, nos encontramos con el conjunto escultórico del “Tránsito de San José” que originariame A continuación se pueden contemplar tres retablos dedicados a un santo, a un beato y a varios mártires francisca En el brazo del crucero un retablo rinde culto a una imagen del Sagrado Corazón de Jesús, proveniente de la iglesia compostelana de San Agustín. Los tres últimos retablos acogen las imágenes de la Virgen de Valvanera, patrona de La Rioja (se trata de una reproducción de la imagen bizantina del monasterio benedictino de Valvanera-Logroño), el “Cristo de la Buena Muerte” y San Benito de Palermo.
Nave del este o “de la Epístola”: Es la de la derecha según se entra en el templo. Cerca de la puerta se halla el sepulcro del Beato Juan de Prado, mártir en Marruecos. Sobre el mismo se yergue una cruz que era empleada en el oficio de Semana Santa del “desenclavo”. En el brazo del crucero destaca la imagen de San Antonio de Lisboa y de Padua realizada en Roma en 1.750 y que goza de gran veneración popular. Finalmente, los últimos retablos acogen las imágenes de San José con el Niño, la Dolorosa y San Francisco Blanco, mártir en Japón en 1.597 (religioso de esta Provincia Franciscana).
nte estaba en la Capilla del Hospital Real de esta ciudad (actual Hostal de los Reyes Católicos).
adornada con nácar que permaneció
A continuación nos encontramos con las imágenes de San Luís de Anjou (obispo de Toulousse), San Bernardino de Siena, San Diego de Alcalá y la Virgen del Carmen.












