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17 Nov 2011

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ORACIÓN DEL ADVIENTO. Jufra 2010

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Paz y bien a todos!

Os escribo con motivo del tiempo de adviento. Desde la comisión de formación de Jufra España os ofrecemos esta oración para realizar en este tiempo de espera de nuestro Señor Jesucristo, realizada por la Jufra local de Santa Clara, Madrid. Es una oración simple y para todo el que quiera hacerla. 

Espero que este tiempo nos ayude a fortalecernos en nuestra fe y siempre hacerlo en fraternidad.

Un saludo

Víctor Martínez, encargado de formación de Jufra España

ADVIENTO: ES TIEMPO DE ESPERANZA

Motivación: Nos preparamos para hacer oración...

Buscamos la postura mejor para vivir ese diálogo con Dios... para ponernos a la escucha de la voz del Señor, que una y otra vez sacude y mueve toda nuestra vida...

Imaginamos que en ese silencio de nuestro interior abrimos bien la puerta de todo nuestro ser, para que llegue mejor al último rincón de nuestra vida, la voz del Señor... su mensaje de esperanza. Sólo somos una puerta que se abre y se abre... a esa presencia de Dios, que trae la salvación para todos...

Vivimos desde el silencio, esta actitud de apertura total a Dios

Silencio y Canto:

Introducción:

Tenemos ante nosotros cuatro semanas muy especiales. Un tiempo de anuncios y promesas. Un tiempo que nos posibilita también, si lo sabemos vivir, una experiencia fuertemente eclesial. Los tiempos fuertes de la liturgia son tiempos en los que la Iglesia entera como Pueblo de Dios que camina en la historia, se coloca en una misma dirección.

"Queridos amigos, el Adviento es el tiempo de la presencia y de la espera de lo eterno. Precisamente por esta razón es, de modo especial, el tiempo de la alegría, de una alegría interiorizada, que ningún sufrimiento puede eliminar. La alegría por el hecho de que Dios se ha hecho niño. Esta alegría, invisiblemente presente en nosotros, nos alienta a caminar confiados. La Virgen María, por medio de la cual nos ha sido dado el Niño Jesús, es modelo y sostén de este íntimo gozo. Que ella, discípula fiel de su Hijo, nos obtenga la gracia de vivir este tiempo litúrgico vigilantes y activos en la espera."

(Benedicto XVI, Homilía del 28 de noviembre del 2009)

ORACIÓN DEL ADVIENTO

(sobre una oración de K. Rahner, en “Palabras para el silencio”)

Señor, otra vez es Adviento en el tiempo de tu Iglesia. Otra vez rezamos las oraciones de la expectación y de la constancia, los cantos de la esperanza y de la promesa. Y otra vez toda miseria, toda expectación y todo aguardar lleno de fe se reúnen en la palabra: ¡Ven!

Pero tú ya has venido. Pusiste tu tienda de campaña entre nosotros, has participado de nuestra vida con sus pequeñas alegrías, con su larga rutina, con su conflicto y dolor. ¿Podríamos invitarte con nuestro “Ven” a algo más profundo que esto?

Y sin embargo, llenos de esperanza, te decimos:

¡TÚ ERES EL QUE TIENE QUE VENIR!

Se dice que vendrás de nuevo, es cierto. Pero no se trata de volver de nuevo, pues nunca nos abandonaste. Al decirte: “Ven”, deseamos que se manifieste con mayor claridad que tú ya estás en todo, que el corazón de todas las cosas se ha transformado ahora, porque tú las has habitado con tu presencia.

Por eso, llenos de esperanza, te decimos:

¡TÚ ERES EL QUE TIENE QUE VENIR!

Tú vienes. Esto no es pasado ni futuro. Sino el presente que se llena de ti. Siempre está presente la hora de tu venida... Haz que vivamos en esta hora atentos a tu venida. AMÉN.

Canto-antífona:

SALMO

Tú, Dios del tiempo

nos tienes esperando.

Quieres que esperemos

el momento justo para descubrir

quienes somos, dónde debemos ir,

quienes nos esperan a nosotros y qué debemos hacer.

Gracias... por el tiempo que nos concedes para esperar.

Tú, Dios de los espacios

nos tienes mirando.

Quieres que miremos en lugares buenos y en lugares inciertos

para ver si hay señales de esperanza

y gente desesperanzada.

Para ver si hay señales de un mundo mejor

que puede brotar.

Gracias... por el tiempo que nos concedes para mirar.

Tú, Dios y Amor,

nos tienes amando.

Quieres que seamos como Tú:

que amemos a las personas que no tienen amor,

a las que son imposibles de amar,

que amemos sin celos ni amenazas,

y, lo más difícil de todo

que nos amemos a nosotros mismos.

Gracias... por el tiempo que nos concedes para amar.

Y en todo esto nos guardas.

Ante las preguntas difíciles que no tienen respuestas fáciles,

cuando fracasamos allí donde esperábamos triunfar,

cuando nos aprecian allí donde nos sentimos inútiles.

Y, pacientes, soñadores y amando,

con Jesús y su Espíritu

Tú nos guardas.

Gracias... por el tiempo que nos concedes para aguardar.

Canto-antífona:

ESCUCHAMOS LA PALABRA DE DIOS

Lectura del libro del profeta Isaías (2,1-4)

Visión de Isaías, hijo de Amós, acerca de Judá y de Jerusalén: Al final de los días estará firme el monte de la casa del Señor en la cima de los montes, encumbrado sobre las montañas. Hacia él confluirán los gentiles, caminarán pueblos numerosos. Dirán: «Venid, subamos al monte del Señor, a la casa del Dios de Jacob: él nos instruirá en sus caminos y marcharemos por sus sendas; porque de Sión saldrá la ley, de Jerusalén, la palabra del Señor.»

Canto:

Del Evangelio según San Lucas. (Lc 3,2-6)

En aquel tiempo fue dirigida la palabra de Dios a Juan, hijo de Zacarías, en el desierto. Y se fue por toda la región del Jordán proclamando un bautismo de conversión para perdón de los pecados, como está escrito en el libro de los oráculos del profeta Isaías: Voz que clama en el desierto: Preparad el camino del Señor, enderezad sus sendas; todo barranco será rellenado, todo monte y colina será rebajado, lo tortuoso se hará recto y las asperezas serán caminos llanos. Y todos verán la salvación de Dios.

Silencio - ecos

PRECES: Queremos que seas “adviento”.

Señor, tu “adviento” es presencia, es, tu deseo de estar siempre con nosotros. No hace falta que te gritemos para que vengas. Ya vienes tú sin que te llamemos. Eres el gran presente. Ya estás aquí.

Vivir el adviento es, sencillamente, dejarte estar, cada día más, con nosotros. Por eso te decimos: Señor, queremos que seas adviento en todos y para todos.

- que seas adviento en todos nosotros para que llenes de sentido nuestra vida y así te hagamos presente en nuestro mundo.

Señor, queremos que seas adviento en todos y para todos.

- que seas adviento en nuestras familias y comunidades para que vivamos en el amor y la comprensión y en todos nuestros hogares disfrutemos del calor que necesitamos.

Señor, queremos que seas adviento en todos y para todos.

- que seas adviento en todos los pueblos y ciudades del mundo para que desaparezcan las guerras, el terrorismo, la falta de libertad, el hambre.... y todos vivamos como hermanos.

Señor, queremos que seas adviento en todos y para todos.

- que seas adviento en todos quienes formamos la Iglesia para que no deformemos el “evangelio” y seamos testigos auténticos de tu presencia en el mundo.

Señor, queremos que seas adviento en todos y para todos.

Padrenuestro.

Oracion final.

Hoy como ayer, Señor, no dejas de decir a los hombres:

“El Reino de Dios está cerca de Vosotros, ¡convertíos y creed en la Buena Noticia”.

Convierte tú nuestra mirada

para que sepamos discernir tu nueva e imprevisible presencia cada mañana,

en nuestras casas y en nuestros lugares de trabajo,

a la puerta de nuestro corazón y de nuestras ocupaciones,

a la puerta de la vida diaria.

Muéstranos cómo basta con muy poco,

cómo apenas basta con nada, para sentirte muy cercano.

Un encuentro, una sonrisa, una mirada,

un apretón de manos, un pájaro, una flor,

una nube, una puesta de sol, una palabra, un silencio,

una oración, la risa de un niño, una carta,

una llamada de teléfono, una comida en familia...

Basta con muy poco, basta con nada.

Conviértenos a la mirada de tu fe,

abre nuestros ojos para que vean la claridad de tu presencia

en la sombra gris del día a día;

abre nuestros oídos para que oigan el discreto aliento

de tu paso en el rumor de lo cotidiano.

Bendición.

 

Canto final.

 

 

 
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