Libertad y ley:
| Documentos - Santiago Agrelo |
+ Fr. Santiago Agrelo. Arzobispo de Tánger
Ser libres o no serlo: ésta es la cuestión.
La libertad no es regalo que otro me pueda hacer, ni tesoro que otro me pueda quitar; no es meta que se pueda alcanzar, es sólo horizonte hacia el que nunca se deja de caminar.
La libertad pertenece al misterio de lo que se ama, de lo que se busca, y pienso que sólo acceden a su secreto quienes por hallarla están dispuestos incluso a perderla.
En Jesús de Nazaret podemos reconocer palabras y hechos de un hombre libre: odiado, ama; escarnecido, perdona; crucificado, acoge y consuela.
Sólo si eres libre podrás hacer que el sol de tu vida salga para buenos y malos, y que tu lluvia descienda sobre justos e injustos.
Sólo si eres libre podrás seguir a Jesús.
Sólo si eres libre podrás regalar a los pobres tu vida.
Sólo si eres libre… ¿Y la ley? ¿Qué función desempeña la ley en tu camino hacia la libertad? Parece difícil encontrarle un lugar apropiado, pero será necesario hacerlo.
Jesús de Nazaret no necesitaba de la ley, porque era libre; pero yo, que no lo soy, la necesito.
La ley no es enemiga de la libertad, sino su hermana mayor, a la que se agarra la más pequeña mientras aprende a caminar por sí sola.
Claro que esa mano que necesito amiga y fuerte para aprender, se me volvería enemiga si nunca me soltase para caminar.
El hecho es que muchos, yo diría que la mayor parte de nosotros, al riesgo preferimos seguridad, y nos apegamos más fácilmente a la ley que a la libertad.
La libertad es condición necesaria para el amor, y el amor es el anillo que une en alianza perpetua la libertad y el bien: “Ama, y haz lo que quieras”.
+ Fr. Santiago Agrelo. Arzobispo de Tánger

















